La noche orgullosa se pasea por los campos, por los montes, por los ríos de mi tierra. Su largo y negro traje se ha impregnado con el olor de la oscura floresta. La Vía Láctea quiere adornar su cintura y ha formado una cinta de luz que parpadea. Muy coqueta, la noche deambulará tan bella que inspirará a pintores, fotógrafos, escritores y poetas.
La noche se ha sentado sobre las montañas de mi isla-patria y su negro traje adornado de luces la cubre e ilumina. ¡Qué encantadora está paseándose allá sobre la Cordillera!
Cuando llega la noche, la orquesta de los grillos lisonjera, la invita a danzar. El canto de los coquíes la invita a mecerse en el río junto al croar de las ranas. El viento, la rodea por la cintura parpadeante de estrellas y juntos bailan entrelazados hasta el amanecer.
Al llegar la alborada, la noche en Puerto Rico se
va desvistiendo para irse a otros
lugares. A su regreso, el sol que asoma detrás
del horizonte de mis montañas, la observa embelesado. Cuando la noche se
percata del rubicundo fisgón se sonroja sobre el gris
mañanero del cielo de mi patria que se vuelve rojo como un flamboyán
florido.
La noche, ruborizada
al ver que el sol la observa a escondidas, se marcha emocionada
y deja olvidado sobre el río La Plata su prendedor de estrellas.
“En algún lugar algo increíble espera por ser descubierto”
Sonia I.
Soniai ☼

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