miércoles, 13 de julio de 2022

La noche se marchó ruborizada


La noche en Puerto Rico se ha vestido de luces  muy temprano.  En su negra cabellera ha puesto hermosos prendedores  de plata. El sol la  vio tan hermosa que se alejó a otros confines de la tierra para no opacar su belleza con su brillante luz.  Sabe que es imposible acercarse y tenerla,  por eso, desde lejos admira su belleza.

La noche orgullosa se pasea por los campos, por los montes, por los ríos de mi tierra. Su largo y negro traje se ha impregnado con el olor de la oscura floresta.  La Vía Láctea quiere adornar su cintura  y ha formado  una cinta  de luz que parpadea. Muy coqueta, la noche deambulará  tan bella que inspirará a pintores, fotógrafos, escritores y poetas.

La noche se ha sentado sobre las montañas de mi isla-patria  y su negro traje adornado de luces la cubre e ilumina.  ¡Qué encantadora está  paseándose allá sobre la Cordillera!

Cuando llega la noche, la orquesta de los grillos lisonjera,  la invita  a danzar.  El canto de los coquíes la invita a mecerse en el río  junto al croar de las ranas.  El viento, la rodea por la cintura parpadeante de estrellas y juntos bailan entrelazados  hasta el amanecer.

Al llegar la alborada, la noche en Puerto Rico se va desvistiendo para irse  a otros lugares.  A su regreso, el sol que asoma detrás del horizonte de mis montañas, la observa embelesado. Cuando la noche se percata del rubicundo fisgón se  sonroja  sobre el gris  mañanero del cielo de mi patria que se vuelve rojo como un flamboyán florido. 

La noche,  ruborizada al ver que el  sol  la observa a escondidas, se marcha emocionada y deja olvidado sobre el río La Plata su prendedor de estrellas.

 

        “En algún lugar algo increíble espera por ser descubierto” 

Sonia I.

 

Soniai

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